LOS DÍAS QUE SE FUERON
Los días se fueron, esos cuando me mandabas por una barra de pan a la tiendita de la esquina, o cuando me preparabas una sopita de letras para cuando llegara de la escuela. Desde hace rato no puedo mirarte a los ojos, decirte que te quiero o sentir tu abrazo en tu regazo con olor a Aires del Tiempo.
Queda en mi memoria la última mirada aquel invierno del 94. Queda en mi día a día el gusto por la buena ropa, el colmillo para reconocer una costura bien hecha y una tela de calidad y el ingenio para hacer mucho con poco.
En mi sonrisa y algunas de mis frases quedan aquellos días de mi infancia, cuando me sentaba junto al traca traca de tu máquina de coser a ver tu novela o ayudarte a enrollar los hilos y acomodar tu costurero en las cajas metálicas de galletas de mantequilla.
Aún escucho las carcajadas ruidosas alrededor de la mesa de la cocina aderezadas con helado de nuez, melones y coca cola en botella de vidrio mientras juegas continental con tus hermanas; La historia de una amor y el dulce olor de tus cabellos a veces blancos, a veces celestes o lilas, mis preferidos.
Me gusta pensar que me acompañas y que has perdonado mis omisiones juveniles e inconscientes, Te llevo conmigo, te llevo siempre y ahora me acompañas cuando recuerdo las idas a Gigante los domingos con mi papá, los juegos Manzo o la panadería Río, comprando volcanes de chocolate para mi mamá, orejas para ti y donas para mis hermanos.
Cuando un domingo el olor a carbón y cebolla impregna alguna calle regia y me veo envolviendo las papas y las cebollas en papel aluminio mientras mi papá marina la carne con limón y sal. Cuando escucho El rey de José Alfredo o La banda del carro rojo con los Tigres del Norte. Cuando en el cumpleaños de mi mamá me veo a mí misma en esos lugares donde nunca más estaremos juntos todos.
Los días en carretera junto a mi mamá me los traen de regreso y mientras ella canta, yo revivo en mis memoria esos días que se fueron y que jamás volverán.



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