LA MANCHA VORAZ

Te va infectando de a poco. 

Se cuela en tu cerebro en un hilillo de voz que te niega borrándote, haciéndote creer que vives en un mundo lleno de peligros  y que no puedes enfrentarlos porque ¿cómo si eres tan poca cosa?

Es la voz monótona en el noticiero, que relata hechos de esta mañana en un sitio precario cualquiera de aquí o de allá,  donde tres personas perdieron la vida a manos de algún pariente, o intoxicadas, o sin haber recibido alimento en las últimas semanas. 

Es esa sensación de estéril impotencia  que  carcome las entrañas cuando por todos lados lo único que escuchas son cifras de personas fallecidas a causa de un ente invisible del que nadie sabe a ciencia cierta qué es ni cómo llegó hasta aquí, pero que  ningún medicamento, ni mucho menos algún remedio natural puede erradicar, a excepción, claro está de un pedazo de tela, desechable o no, y un no te acerques por favor.

Es ese agujero en el estómago cuando la vida que conocías se detiene en seco y pretendes que no pasa nada, que te adaptas.

Es ese vago resquemor que se  apodera de tus glándulas salivales cuando sabes que aunque te hayas inoculado todos los refuerzos, la vida de todos modos no seguirá siendo la que era, porque los malditos bastardos que se niegan a entender están provocando todo esto... sí, todo esto que había sido provocado desde antes por unos otros a los que no les conocemos la cara y de quienes no sabemos nada más que son unos tremendos empresarios ejemplo a seguir para ti, molécula de humano insulso, hombres honorables capaces de salvar el mundo con sus opiniones, sus negocios y agendas dirigidas a este humilde rebaño, obediente y sensato, amotinado en las grandes urbes. 

La mancha voraz no es un personaje de comic. la mancha voraz es esa voz que no te pertenece y te llena de miedos infundados al pasado y al futuro; esclavo de tus recuerdos y adicto a la ansiedad por un futuro exitoso donde medido en pesos, centavos y selfies en lugares de moda.  

La siento cuando pretende invadirme lentamente, pero le hago callar y le recuerdo (¿me recuerdo?) que de lo que dice  nada me consta. Y mejor me quedo aquí, disfrutando de este pedazo de tiempo en el que puedo bailar, reír y jugar, porque es todo lo que tengo, un presente constante impoluto y sereno  del que sí soy capaz de hacerme cargo porque como dijo la Venegas, "el presente es lo único que tengo, el presente es lo único que hay".

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