DAME UNA TREGUA
No negaré que llegué a un punto en el que cualquier tecnología me parecía el diablo y las personas que parecen tener éxito con ello me dejaban ese sabor en la boca entre amargo y seco, que algunos habrán sentido alguna vez. Se llama envidia, y no te engañes, no existe eso de "de la buena".
Esta sensación en microdosis se fue convirtiendo en un cáliz difícil de beber, de enfrentar, de aceptar y sobre todo de vaciar. De alguna manera que ahora me parece incomprensible fui de a poquito normalizando la idea de que unos cuantos bytes en forma de emojis y saludos eran la manera de conectarme con la gente que aprecio, y con la que aparece en mi vida de repente, y con los que estuvieron solo por un tiempo, y con los que están lejos, y con mi familia, y con los compañeros de un trabajo del pasado, los del presente y los de aquel que anhelo en el futuro. La interacción y el círculo de amigos tan grande y tan nutrido me hizo creer que realmente estaba socializando y el ir y venir de los likes me atrapó en un juego siniestro de aceptación y simpatía que en mi entendimiento eran aceptables, pero por dentro no tanto.
¿Recuerdas que traigo un celular súper básico? Bueno, traigo solo dos aplicaciones, mensajería y correo electrónico, y como eso de estar mirando a la pantallita cada que tengo un momento libre aún me acompaña, un día, revisando mis correos, cuya bandeja de entrada nunca había estado tan limpia, recibí el boletín semanal de Sisy, mi instructora de Pilates que en esa ocasión relataba que estaba en una especie de programa de 30 días para desconectarse de las redes sociales a raíz de sus propias reflexiones respecto al tema y la lectura de un libro que en ese momento estaba leyendo: Digital Minimalism de Cal Newport. Mi atención se colocó en adquirir el libro en cuestión y en dos días ya lo tenía en mis manos.
Fue una bocanada de aire fresco, saber que no soy la única que se agobia con las redes sociales y que hay personas que tienen una vida exitosa y rica en interacciones sociales exenta de ellas. Me encontré en mi Nirvana personal y por fin comprendí que todo aquello que me parecía insulso y vacío dentro de las redes sociales, no solo eran ideas mías, sino una realidad galopante que tiene atrapada nuestra atención y energía.
En el capítulo 1 ya estaba decidida a hacer el Digital Declutter, pero seguí leyendo para comprender mejor, y me programé para iniciar con el mes, este mes.
De alguna manera, con la muerte súbita de mi celular, ya estaba bastante desconectada de las aplicaciones, pero no así de la tecnología en general, fue así como me di cuenta que Netflix es otra trampa mortal; lo mismo que YouTube, Alexa y cualquier herramienta digital que entretenga, informe y conecte.
Confirmé en carne propia, aquello que nos decía el documental El dilema de las redes sociales, que si la aplicación es gratuita es porque tú eres el producto, que los algoritmos trabajan para tenerte pegado a la pantalla, que crees tener el control y afirmas solo usarlas para revisar cosas urgentes, cuando en realidad pasas casi 30 horas a la semana deslizando el dedito en la pantalla, y que sin ninguna ética o juicio moral ellos siempre defenderán que enriquecen tu vida social cuando la realidad es otra... pero bueno, esa es una historia subyacente. ¿Sabes que es lo que más me impactó? Verlo en mí, en este último mes sin aplicaciones, cuando con un momento libre tomaba automáticamente mi tamagochi y me daba cuenta que no tenía nada para deslizar; cuando en una tarde libre de sábado me bebí 8 capítulos de dos series nuevas y cuando por la noche, el dolor de cabeza era semejante a aquel que sentía cuando había pasado mucho tiempo frente a la pantallita de mi móvil.
Así que aquí estoy, a dos días de haber iniciado esta aventura, con el reto por delante de retomar aquellas cosas que en los últimos diez años no hice "por falta de tiempo"; de aprender algo nuevo; de fortalecer las relaciones importantes en mi vida en persona y con conversaciones verdaderas y lo que para mí es crucial, enseñarle a mi hijo pequeño en acciones que la tecnología es una potente herramienta de la modernidad cuando es usada para mejorar tu vida y fortalecer tus valores; pero es un hoyo negro interdimensional cuando crees que es para tu entretenimiento y conexión con los tuyos porque como dicen muchos "si no estás ahí, no estás"... menuda patraña.



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