ME DEJÓ SIN MIRAR ATRÁS


 
El 23 de septiembre me quedé sin celular, así nomás, sin previo aviso y sin v de vuelta. Te confieso que lo primero que hice fue tratar de resucitarlo, intenté reiniciar, resetear, apagar - prender, y nada funcionó, así que, tratando de no parecer preocupada, lo dejé por la paz.

Un par de semanas atrás, había anunciado el cierre de mi página de Facebook, mismo que había programado para el 1º de octubre, por lo que estaba enmedio de una cuenta regresiva y la situación -de algún modo misterioso-  venía a respaldar mi decisión. 

Desde entonces y hasta ahora han pasado muchísimas cosas.

Cuando me quedé sin celular, decidí tomarme ese fin de semana como un "sabático de dispositivo" y también decidí no obligarme a comprar otro respondiendo a la ansiedad por permanecer conectada, o a eso que una vez me dijeron de que "si no estás en Instagram, no existes". Me di permiso de "inexistir". 

Para ser bien sincera, no estuve inactiva, porque desde mi laptop me comunicaba a través de mensajes de Messenger y Telegram, y me ponía al día con mis redes sociales. O sea que, desconectada, desconectada, no estaba.

Ese fin de semana se descompuso la línea telefónica de casa, por razones de trabajo  dejamos solo a mi hijo menor  y no teníamos manera de comunicarnos entre nosotros ni con él.

Pensarás que salí corriendo a buscar un celular para estas situaciones de emergencia, y de cierta manera, sí; recordé que mi papá había dejado uno de esos que llaman "básicos" y resolví sobrevivir con él mientras decido mi próxima compra. Sorpresa que me llevé cuando me di cuenta que el aparatito funciona a la perfección pero por alguna razón no-me-per-mi-te-rea-li-zar-lla-ma-das-te-le-fó-ni-cas ¡en mi cara! Resolví tomarlo con filosofía, y mantener mi decisión, en una especie de cruzada contra mi esclavitud a las tecnologías portátiles. 

Varias cosas han pasado: retomé la costumbre de pedir indicaciones para llegar a lugares que no conozco y memorizarlas; desempolvé los antes tan populares sms; dejé de tomar selfies y fotos de mi comida, mi ropa, y los momentos "instagrameables" del día a día; reactivé el hábito de tomar notas en una libreta y organizar mis salidas con todo lo necesario anotado, sin necesidad de consultar  la pantallita "n" cantidad de veces y hasta olvidar el propósito de abrirla. Aprendí a hacer publicaciones en Instagram desde mi laptop y sin stories de por medio, Mattías y yo iniciamos la costumbre de platicar durante la cena y contarnos nuestro día, mientras poco a poco, mi desconexión se fue transformando en conexión profunda.

Y eso es solo el principio... 





 

Comentarios

  1. Me encantan tus historias Jess, me dejan picada desde el primer renglón, es una buena mezcla porque lo leo con tu voz y se siente como platica y al mismo tiempo como la introducción de un buen libro que te atrapa porque conectas con todo. ⚘⚘⚘

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias por leerme Cris! Y por tus comentarios...esta saga a{un no termina UuU

      Eliminar
  2. Me encantan tus historias Jess, me dejan picada desde el primer renglón, es una buena mezcla porque lo leo con tu voz y se siente como platica y al mismo tiempo como la introducción de un buen libro que te atrapa porque conectas con todo. ⚘⚘⚘

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares