MADRES HECHICERAS: De crianza, aprendizaje y herencias generacionales.
A raíz del nacimiento de mi segundo hijo y de las circunstancias que me llevaron a practicar la crianza a tiempo completo desde mi propia casa, me vi en una especie de necesidad de investigar y entender cada uno de los procesos por los que estábamos pasando la diada que formábamos mi bebé y yo, la triada con mi hijo adolescente, la diada con mi esposo y el núcleo familiar completo. Con toda esta tarea sobre mi espalda, fui encontrando información suficiente y precisa con conocimientos que iba aplicando, reafirmando o reinventando, lo cual me iba trayendo a la misma vez paz y empoderamiento en mi labor de ser y hacer maternidad (con la complejidad de resultados que de ahí surgen).
En el trayecto han llegado a mí decenas de consejos sobre crianza, los cuales desmenuzo y reparto a las bandejas de "ÚTILES", "INÚTILES" y "NO ESTOY SEGURA" y más que consejos, temas del dominio público que han pasado de generación en generación sin ser cuestionados la mayoría de las veces (¡son herencia generacional!).
En esos rubros se concentran enseñanzas como "Déjalo llorar, para que aprenda a dormir"; "No lo cargues mucho, se embracila"; "Te está midiendo, ignóralo"; "Tiene que aprender YA (ir al baño, ponerse la ropa, recoger sus juguetes, etc, etc, etc)" "El hambre es canija, no le dés (pecho) para que veas cómo se toma la leche de fórmula", y tantas más. Ante tanta información decidí confiar y acceder a mi sabiduría interior, a ese conocimiento innato que subyace en cada madre, escuchando a mi instinto y evitando las voces de lo que yo llamo "inconsciencia colectiva". De esa decisión vinieron más y más descubrimientos, para los cuales tuve que estar abierta y dispuesta al aprendizaje y a la movedera constante de zona cómoda, para instalarme en un zona incómoda perenne, donde lo más inteligente es fluir en el intento sin resistirme al cambio porque, sí, "el movimiento es cambio y el cambio es crecimiento". Así que llevo tres años creciendo, aprendiendo y sorteando posturas incómodas para ser orgullosa dueña y señora de mi crianza y nuestros destinos (el mío y el de mis niños por ahora, después solo el mío). Y así, con todo ese poder y señorío, la riego más seguido de lo que hubiera querido, es cuando me viene la conciencia y busco reinventarme de nuevo, para encontrar maneras de depurar lo regado, de limpiarlo y pulirlo, sin borrarlo, porque lo hecho, hecho está.
El fin de semana pasado, en una fiesta, me descubrí inscribiéndole una creencia limitante al más pequeño: había un tobogán larguísimo, por el cual deslizarse significaba subir a un segundo piso, y lanzarse en una bajada poco ágil, ya que la ropita de los niños no resultaba tan compatible al material del tobogán. MI chiquito iba emocionado de mi mano, se asoma y dice "está muy obscuro", le digo " no importa, es muy rápido, no notarás lo obscuro" y terminando orgullosa mi frase motivadora veo como un niño mayor que el mío se queda varado a un par de metros y sin pensar vomito "uy no, se atora, mejor no" (yo veía que los niños eran más grandes que el mio y se empujaban para ir primero, para llegar primero, para quitarse de la salida, y disgustada de la idea de que el mío fuera a ser empujado vi la oportunidad de evitar el riesgo y solté el conjuro diarréico, sin filtro). Mi muchachito es sumamente comprensivo y atiende muy bien las indicaciones, es cauteloso y tranquilo, no le entra por gusto ni a las filas ni a las multitudes, así que dijo en voz alta "por ahí no, porque te atoras", tomó mi mano y bajamos. En un principio me sentí aliviada, después me di cuenta del conjuro que acababa de sellar y una vez consciente quise darme de golpes en la pared. No obstante mi niño disfrutó la fiesta, jugó en otras áreas y hasta le pegó a la piñata, pero cuando un amiguito de él iba a subir al tobogán le dijo muy seguro "por ahí no, te atoras".
¿Cuántas veces, con amor y necesidad de proteger, has conjurado a tu hijo y le has coartado el deseo de descubrir y resolver situaciones que simplemente están ahí?
¿Cuántas veces le has dicho que puede correr, para después decirle que no corra, que se puede caer, que se hará daño?
¿Cuántas veces le has negado brincar en un charco de lodo porque se ensucia?
¿Mojarse en la lluvia o mientras lavas el auto, porque se enferma?
¿Ensuciarse las manos y el cuerpo mientras come y aprende cómo tomar los cubiertos y llevar la comida a la boca?
¿Cuántas veces le has comprado la golosina en la tienda porque el berrinche te agota y te da "penita"?
¿Cuántas veces le has dicho que no salga porque hace frío y se puede enfermar?
¿Cuántas has reñido al maestro de la escuela porque tu hijo se ha quejado de que le exige respeto y "primero hay que dar para recibir"?
¿Le has pagado las cuentas aún a costa de tu economía, porque no puede o es muy pesado para él/ella?
¿Le has dado trabajo en tu empresa porque allá afuera no consigue?
¿Le has cuidado a los hijos al punto de la crianza y manutención para que él o ella pueda tener vida de adulto?
¿Cuántas veces le has puesto la otra mejilla a tu hijo adicto, porque lo amas y sufre mucho y "ahora sí va a cambiar"?
Cada una de estas veces has conjurado en contra de su desarrollo pleno como persona, y lo has hecho por amor, para protegerlo y también para ahorrarte la limpiada de una carita llena de miel o unos zapatitos enlodados, y para que los otros no te juzguen de permisivo o estricto, según sea el caso. Cada vez le has cortado las alas y con tus conjuros le vas enseñando de a poquito que el mundo es hostil y que hay que irse con cuidado, que no hay que arriesgarse, que ensuciarse las manos está mal, y que ser obediente es igual a ser bueno y encajar en este sistema de vida que a todas luces se siente desquebrajado y sinsentido.
Te invito a meterle freno a la "verborrea nóica" (todos esos "no, porque...."). Te invito a confiar. Te invito a ver a tu hijo, pequeño o mayor, en toda su grandeza, y desde ahí retarlo a ir por más, retarlo a ensuciarse las manos, atorarse en el tobogán, y rasparse las rodillas y mientras haces pequeños esfuerzos extra en las limpiezas de carita, manos y ropa, curaciones y baños de agua caliente a deshoras. Cocrea, de la mano de su voluntad y la tuya, un humano valiente, capaz y seguro, dueño de su circunstancia, poderoso en sí mismo y de corazón amable y cierto. Arriésgate a escuchar la voz en ti, y dirige desde tu ser una nueva "conciencia colectiva" donde todos confluyamos para crear el mundo que merecemos, a la altura de este espíritu profundo, leal y amoroso que subyace en todos.
Te invito a creer en ti y tu poder creador.



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