MICROCOSMOS DE MI CORAZÓN
Soy dueña de un espíritu joven, de esos que muchas veces no se arriesgan a crecer, de esos que se quedan en los momentos dulces del pasado para olvidar los traguitos amargos del presente. O viceversa, de esos que sufren y lloran para olvidar muy pronto la causa. De naturaleza analítica, podría decir de mí misma que soy una testigo silenciosa, estoy, veo, experimento y desarrollo toda una experiencia mental de los sucesos para después darlos por hecho. Soy una niña grandota mimada, un tanto caprichosa, acostumbrada a tener la atención y admiración de muchos. De figura estética y rasgos finos, podría decir que estoy dentro del prototipo de lo que hoy se denomina belleza, siempre lo decía mi abuela, que debía concursar en Miss Universo. Hermana más pequeña de tres mujeres y penúltima de un total de seis. Cuidada y protegida por los mayores, compañera de juegos de los menores. Con una infancia serena, de mucha competencia académica y después, artística.
Enamorada sincera de la danza y poseedora de las condiciones para ejercerla, la estudié como carrera profesional, la ejercí antes y después de graduarme, y ya inmersa en ella la dejé, por alguna razón relacionada a las condiciones económicas derivadas de trabajar en ello y el estilo de vida que deseaba tener, para después volver, con la certeza simple de hacer lo que mi espíritu ama.
Madre de dos muchachos, uno pequeño y uno grande. Los dos poseedores de un corazón enorme, uno lo lleva triste disfrazado de jolgórico sarcasmo, el otro lo lleva alegre, saltimbanqui de sonrisas y emociones por descubrir.
Con un pasado laboral exitoso que se va desvaneciendo en el desván de los recuerdos y una vida plena de experiencias, aprendizajes, y momentos que me marcan, así como me dirigen a la nave nodriza. Hace cinco años fui encontrada por este hombre, buscador de experiencias interplanetarias, y abducida por su mirada; literalmente floté junto a él hasta llegar a estos tiempos, tomados de la mano, existiendo en este universo que para nosotros es real. Los miedos me acompañan cada día de mi vida, unas veces me paralizan, otras veces los ignoro, y el resto los abrazo y me salgo a la calle con ellos, para olvidar pronto que caminaban junto a mí.
Dueña de un juicio terrible y agudo, paso por mis propios exámenes con poco éxito, me castigo y me enojo conmigo, así que sostengo una lucha diaria a dos de tres caídas sin límite de tiempo entre la Guerrera Coladera (afable y simple, a la que todo se le escurre) y la Guerrera Vengadora (sigilosa y taciturna buscando siempre "justicia") que conviven dentro de mí.
Con los millones de pasos acumulados hasta hoy, a los que sumo los millones de pasos dentro de un salón de danza, o en una carrera de trote o a pie, más los rectos y jabs que tanto disfruté en mi etapa de Boxeadora Soñadora, me levanta cada día el deseo de escuchar el ruidoso despertar del adolescente y de ver con mis propios ojos aún pegajosos, las piruetas mañaneras del pequeño, o sentir el suave y apenas perceptible beso soruyo de despedida de mi esposo. Tendida en la cama, evalúo en un minuto los entumecimientos de mi cuerpo y me incorporo de a poquito, acelerando la marcha como si de un auto se tratara.
Olvido fácilmente las creaciones gastronómicas ideadas por la noche y también las tareas que califiqué de "urgentes", sospecho que lo hago para tener una excusa y subir pronto al ring. Tengo claro mi deseo de ayudar pero no encuentro la manera de llegar a quienes lo requieran, porque también tengo una mente poco práctica, así que a quienes caminan a mi lado les voy regalando semillas que pronto germinan en sus espíritus y corazones. Esas personas, a las que llega mi verdadera Guerrera me piden que lo haga público, que lo haga grande, que soy buena, y entonces vengo y me siento frente a mi netbook rosada y escribo para ningún seguidor, curiosa de saber por qué nadie llega a esta fiesta donde soy el más puro y colorido compromiso de compartir. Pienso que tal vez algo en la configuración está mal, pienso que le llamaré a mi hermano que le sabe y me ayudará a resolverlo, también pienso que lo que debo hacer no está encerrado en esta cajita, y postrada en esta duda que me llena un minuto, quizá dos, me viene el recuerdo de la clase que debo planear, de la comida que hay que preparar y de la ropa sucia esperando en montoncitos su turno de entrar a la lavadora.
Entonces concluyo de la manera más asertiva de la que me creo capaz segura de que no habrá un próximo post sin que sea revisada la configuración por mi hermano, y me levanto a seguir haciendo las pequeñas cosas de cada día, las tareas que nadie nota, pero gracias a las cuales la vida en esta nave nodriza marcha a su ritmo, y a su tiempo, microcosmos de mi corazón.
| Mi espacio personal con mi netbook rosada, mi taza de Blanca Nieves, mi prensa francesa y el autolavado de fondo |


Me encanta tu espíritu al desnudo sin el miedo del Ego detrás de ti...
ResponderEliminarTe amo!!!
;)
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