DIOS TIENE CARA DE NIÑO

Con el cuerpo dolorido y la mirada interior cansada, me encuentro con dos pares de miradas nuevas, sonrientes, cantarinas, vivaces. Los dos cachorros que alegran mis días y absorben mis deshoras.
Uno pulsa 24/7 entre risas, brincos desaforados de cinco centímetros de altura y seres autodirigidos con cuatro ruedas, motor y vida propia. El otro se mece, latiendo al ritmo de la revolución en su interior, sonriendo por dentro, gruñendo por fuera, sintiendo el amor entrar por los poros de su piel y salir en forma de acciones buenas, productivas, sinceras.
Se dice mucho, se dice a ciegas, que los hijos son el motor que nos impulsa, nuestros más queridos tesoros, los seres que llenan nuestros días de alegría...se dice así, por decir, porque el motor que nos impulsa se frena en nuestros miedos adultos, y se desata en la voluntad propia de crecer y ser más allá de ti mismo; porque los tesoros se guardan y presumen, pero no tienen vida propia y porque la alegría nace en la elección diaria de ver por encima de lo que consideramos carencias o tropiezos...todo eso son elecciones que los hijos despiertan y seducen, de las cuales no son del todo responsables.
Para mí, tratando de ser consciente y sin usar frases hechas,  los hijos son los ojos de Dios, la voz del amor, el regocijo de la vida, mi oportunidad de reaprender y descubrir el mundo, la ocasión empezar de nuevo un millón de veces, de saborear por primera vez el helado, la miel de abeja y un buen vaso de limonada. Las ansias de conocer lo que hay detrás de todo, y de asimilar con el alma lo que subyace en un regaño o una llamada de atención. La furia de no entender la impaciencia, la prisa, el desamor y la incomprensión. El deseo de permanecer en la calidez de mi pecho o la huesudez de mi hombro.
Eso son mis dos retoños, tan iguales, tan distintos, tan llenos de amor y de vida, tan bellos por dentro como por fuera, tan justos enseñándome sin saber que la vida se produce en cada gesto, en cada pensamiento, en cada salto de fe dedicado a ellos y a causa de ellos.
¡Nutritivos, frescos, saludables!
Te lo rueg


o....haz familia, déjate guiar por ellos, déjalos amarte y amarse en ti, nútrelos con abrazos, complicidad genuina, paciencia desbordada y mucha escucha...que sepan en el fondo y en la superficie de su alma que estás ahí y que siempre, sin prisa y con calma, escucharás y tratarás de entender los caminos de su alma libre de juicios, parámetros y etiquetas, Así, sólo porque sí.

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