LOS NIÑOS, LOS ZOMBIES Y DIOS

En estas últimas semanas se ha esparcido una especie de peste alrededor de los niños del mundo. Yo sé que esto no es nuevo, sin embargo me deja un sabor amargo en la garganta darme cuenta de lo frecuente que se ha vuelto utilizarlos para redimir nuestros dolores. Digo "nuestros" porque en mayor o menor medida, todos los adultos vaciamos un poco de nuestros miedos, furias y dolores en las memorias apenas nacientes de nuestros bebés y niños, marcando  una huella eterna que les servirá de camino de aprendizaje a algunos, de martirio a otros, de falta de piedad a muchos.

Ayer por la mañana me despertó la noticia de una mujer que había asesinado a su bebé de meses, y lastimado gravemente a sus otros dos hijos que no pasaban de los cinco años, yendo después al suicidio  sin conseguirlo, al menos físicamente. Fue terrorífico imaginar en mi cabeza la escena, tan horrible que preferí no hacerlo. Me heló la sangre, pensé en el tamaño de los pensamientos de pérdida, frustración, traición y egocentrismo de la mujer, y me imaginé que era tanto su "dolor" que en la ceguera del momento tomó la decisión que tomó. Pero algo dentro mío susurró: no, no es así. 

¿Y qué es?

Pues un montón de cosas.

La primera, el vacío tan profundo de valores en nuestra sociedad, que entró a la globalidad  sin estar preparada en una completud espiritual y del alma. Mujeres y hombres entrando y saliendo de relaciones que llaman "amorosas" haciendo un intento por encontrarse en otros cuando no se han encontrado en sí mismos. Buscando la felicidad en las cosas materiales, en el status, en las revistas rosas, en los centros comerciales, en la publicidad dirigida, en los cuerpos de las modelos, en los programas de televisión idiotas con personajes creados para ser idiotas, en la publicidad de cadenas alimenticias de comida chatarra, de pensamientos chatarra, de valores corruptos. ¿Cuándo se ha visto que un centro comercial sea "The place to be" como dice la publicidad del MAIN ENTRANCE?, en inglés por favor, que indica que soy "nice". ¿The place to be? ¿The place to be? ¿Y el hogar, y la escuela, y la casa de la abuelita y los amigos? ¿Esos que son? Lugares para evitar verte y encontrarte, lugares para perderte en la televisión, en la plática sobre la vida de cualquiera menos tú, en la burla de los que vivimos cada vez más cerca de lo silvestre que de lo "urbano".

 La segunda, el desear causar el mismo dolor que uno inventa en sí mismo, al otro, al que vemos responsable de tal dolor. Y vamos desde los más ñoños, que callamos y dejamos de ver a los ojos a la persona que nos "ofendió", hasta barbaridades como la de ayer por la mañana, aparentemente movida por una infidelidad. Y esto va de la mano de acusar a "la otra" de golfa, de piruja, de mujerzuela, sin ver la parte responsable que nos toca como 50% de esa pareja que entró en adulterio. Sin ver que nos reflejamos en las luces y las sombras del otro, y que el primer paso para aceptar al otro es aceptar lo mío que veo reflejado en él o ella.

La tercera, el alejamiento premeditado de Dios. Sí, aunque suene a proselitismo religioso. Está de moda inventar que Dios no existe, que es un invento de la iglesia, que fue utilizado como un pensamiento de dominio y de poder para las clases dominantes, al menos en nuestra cultura occidental. Nos hemos olvidado voluntariamente que Dios es la esencia más pura y genuina de nuestra propia alma, la que nos mantiene presentes y conscientes, la que nos acerca a la paz y el ejercicio del amor en nosotros mismos y en los demás, la llama pura que enciende nuestros corazones en la sonrisa y la inocencia de cada uno de esos niños que han sido masacrados, maltratados, violentados y dañados tomando venganza de nuestro vacío como humanos, mamíferos irracionales y pervertidos en nuestros instintos genuinos de protección a nuestras crías.

Me lamento de lo sucedido con cada uno de ellos y me declaro responsable. Porque cada vez que levanté la voz a alguno de los niños alrededor, fue mi frustración lo que me movió. Porque cada vez que abandoné los sentimientos de alguno de mis hijos o sobrinos, fui renuente de ver que mi ausencia emocional les dejaba una huella en su ser.  Porque cada vez que dije "no es para tanto, para de llorar" menosprecié los sentimientos de ese niño o niña, que tal vez se convierta en un adulto que se avergüence de sentir y hasta de amar y que vea como natural callar y no acusar. Porque cada vez que fui maldecida por el padre de mi hijo mayor, no le regresé bendiciones y buenos deseos, sino lo mismo. Porque con cada uno de esos pequeños actos he contribuido a la violencia, a la insensibilidad  y al abuso, menospreciando la integridad y la dignidad de cada uno de esos niños. Me lamento y me arrepiento. No más.

Si me acerco a los niños de mi vida, me acerco a Dios. Si me acerco a Dios, no hay manera de lastimarlos, dañando para siempre el espíritu colectivo de esta hermandad humana que deambula perdida, engulléndose entre sí, emulando a los zombies que creemos haber creado sin percatarnos que  no son más que un pálido reflejo de lo que nos hemos convertido.

Deseo que viva tu alma en paz y seas un instrumento de paz para el mundo.

Balloon Girl, There is always Hope, de Banksys




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