CUANDO LLEGUE CON CARONTE
Antes de llegar ahí, tengo unos asuntos pendientes que se están acumulando, por eso con cierta urgencia, yo buscaría reconciliarme conmigo.
Me pediría perdón por todas las veces que mi voz interna duda de mí misma y bloquea mi alegría, vistiendo mi interior con harapos grises de duda y zapatos tiesos de pesimismo.
Me pediría perdón por todas las veces que teniendo de frente al amor, hago la vista gorda y elijo la autocompasión.
Me pediría perdón por intrigar a veces sobre las acciones y palabras de otras personas, sin conocer su historia ni contexto.
Me pediría perdón por no creerme capaz, por sentir que soy tan pequeña, tan pequeña, tan pequeña, que a veces me siento invisible y asumo que soy así para los otros.
Me pediría perdón por veleta, porque cansa defender una postura, cansa nadar contra corriente y agota que los demás no vean lo que yo, para terminar dudando si lo que yo percibo, veo, huelo e intuyo es real o imaginario.
Me pediría perdón por ver a mi cuerpo como el de una muñeca cuya estética debe adaptarse al momento, cuando en realidad, mi cuerpo me contiene y se transforma al ritmo de mi madurez.
Me pediría perdón por no celebrar cada logro con orgullo y euforia, aunque ese logro parezca pequeño e insignificante.
También me agradecería.
Me agradecería por elegir tantas veces ser paciente conmigo misma y los míos; por elegir el movimiento por encima de la pereza, por haberme levantado del sillón y haber apagado la serie, buscando a mi hijo para platicar, bromear o simplemente decirle te quiero o darle un abrazo.
Me agradecería por aceptar mi sensibilidad y empatía y por no gancharme algunas de las veces cuando las palabras buscaron encender mi ira.
Me agradecería ese helado de chocolate cuando estaba triste, ese día que dije no y esa mañana que caminé sin prisa y vi pasar los minutos con calma.
Me agradecería por haber elegido la sonrisa, la pausa, el postre, el abrazo, la conversación y la compañía.
Me agradecería por haber sido una amiga leal, una mancuerna productiva, una pareja paciente y una hija presente.
Me agradecería todas las conversaciones que tuve con los árboles, algunas aves y mis animalitos.
Me agradecería, esa manera única de ser mamá, aún con mis dudas, porque con todas mis heridas, las reales y las autoinfringidas, el amor que siento por ellos es tan grande que me sana.
Me agradecería todas las cartas que escribí, los mensajes que regalé y las frases de mi propia inspiración para inspirar a otros y tocar tantos corazones como fuera posible.
Me agradecería por haber intentado una y mil veces las conversaciones más incómodas y correría a tener aquellas que dejé pendientes.
Me agradecería que amé creyendo solo en ese amor que sentí, aunque me deja
lesiones perennes.
Y por último, me despediría de la vida bailando y cantando, aunque mi voz hasta hoy nunca se sintió segura y sigo creyendo que no puede entonar canciones y escucharse bella. Quizá simplemente empezaría a abrazar mi voz tal como es, tal como suena, porque esa voz soy yo, diciendo bajito, y a veces fuerte, así soy y sí, está bien.


Ay...que bonito!!!...me identifiqué...
ResponderEliminarMe hace bien saberlo. Gracias por comentar.
Eliminar